Estoy parado en el centro de un mundo ubicado al costado de una habitación de amplias paredes,
Desde cuyas cornisas penden la desesperación y el desenfreno,
Hay paredes donde se han colgados pedazos de alegría tenue y mezquina con clavos de madera podrida,
Se escuchan melodías de músicos sordos e infelices que quiebran el aire próximo con los truenos de su decepción,
Sacados de metales tibios y sin sabores de bocas secas y amargas.
En sombríos pisos me he dispuesto a enfrentar el duelo,
Por las palomas que mueren en el aire,
Consumido su vuelo por el calentamiento de mí sangre,
Que incendió el viento que las sostenía,
Cuando pretendía entrar en combate.
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