Me he de encaminar sobre campos de sueños desperdigados en caminos intrascendentes de desolación marginal,
Y he pasado frente a torres de hierro frío asoleadas y obligadas a estar quietas de soledad,
Por cadenas de mármol que las anclan a este mundo,
He vendido mi desesperación al mejor postor que compra almas y chatarra,
Para negociar con el diablo su salvación,
Sin embargo, he sorteado todos estos escollos sólo para hallarme frente a ti,
Pararme enhiesto y exhibirte mis heridas a la cara,
Todas aquellas grietas y fisuras que han sumado en mis hombros el conocimiento del dolor de muchas gentes,
Que caminan por este mismo valle sin mirar a otros y su dolor,
Aquellos que no tienen ojos ni siquiera para el propio,
Por que se los han escarbado cuervos negros de alas rojas,
Hijos del egoísmo de todo este mundo,
Y con los cuales intercambian hasta su propia sangre,
Para comprar pedazos de milagros,
Odio a todos estos;
A quienes cubren sus heridas con la melaza de la autocompasión,
A quienes suplican atención de sus dolores comunes,
Quienes sopesan su propia alegría a la medida de los demás,
Para definir el tamaño de la suya y que se hace mayor con el infortunio,
Y amargan con hieles acumuladas las esperanzas de otros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario